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miércoles, 27 de marzo de 2013

Relato gay: Con el guardia de seguridad

Con el guardia de seguridad
Esta historia, es otra historia real, que sucedió así como así, y es la sexta historia que conforma la saga de Historias de Sexo de Gente Común. Ocurrió un día como cualquier otro, me desperté temprano, como cada mañana, salí a correr por el parque, luego al gimnasio, y de ahí tenia que hacer unas compras en el Carrefour.
A todo esto, salí del gimnasio como a las 2 de la tarde y fui directo al súper para hacer mis compras diarias, en este ya me conocía medio mundo, porque iba bastante seguido y charlaba con la gente del lugar.
Pero ese día no estaba mi amiga Clara, que trabajaba como guardia de seguridad, estaba un chico morocho, llamado Luciano, y la verdad, que era todo un sueño con traje de guardia. Estaba más bueno que muchos que, hasta ese entonces conocía.
Él era el encargado del área – electrónica, Indumentaria, perfumería -, yo no le podía sacar la mirada de encima – o de abajo, ya que le miraba mas el culo que los ojos – y a tal punto que en ocasiones me confundí de carro en la misma zona, en el mismo estante en los mismo minutos en los que estuve allí.
Fui directamente a las cajas, pague las compras que hice, y me dirigí a la puerta, cuando lo volví a ver, mi corazón se salto de su lugar y me quede boquiabierto. Creo que no lo noto, o tal vez si, el caso es que pague, me fui y no lo volví a ver, sino hasta el sábado.
Fui con la idea de nueva compras y curiosear un poco, esta vez mi persona se encontraba en el área música, libros y computadoras, me puse a mirar libros y en una escapada de miradas lo vi. Estaba con su pantalón de vestir negro y ajustado, su camisa con tres botones sin abrochar, delatando su pecho fornido y musculoso, y en su cintura un cinturón que contenía su arma reglamentaria y un bastón de toques.
Me puse a imaginar que agarraba vaselina y me hundía su bastón por el culo, pero fue una idea fugaz. Luego que me ataba al cabezal de la cama con sus esposas y me empezaba a dar hasta que se acabara el universo, pero fue otra idea atónita a las circunstancias.
Con el correr de las horas y las semanas ya empecé a como a calentarme mas que una pava para el té cada vez que lo veía, ahí parado, con su culo prieto y respingó, esperando algún ladrón para detenerlo y aplicarle toda la fuerza de la justicia, y desgraciadamente yo era demasiado honesto como para que me detuviera.
Una tarde volví por un libro que quería comprar, cuando me lo encontré, sentí que se me caía la ropa de tanta emoción, bueno, es algo tonto, ya lo sé, pero fue lo que sentí. Pase junto a el y saque el libro de mi agrado, voltee a ver el precio cuando se saco sus lentes negros y me guiño un ojo y me hizo un gesto de agrado, mire para ambos lados, pensando que eran para alguien mas, pero me señalo y me volvió guiñar un ojo. Solo atine a una mueca/ sonrisa y me fui.
En toda la tarde y lo que quedaba de la noche no me pude olvidar de su mirada penetrante y su cu... ello, sí, eh.. cuello. Ja, ja.
En el trascurso de la semana era el mismo panorama, ahora era él, quien no me sacaba la vista de encima y me buscaba con la vista. Por ejemplo, si yo estaba en una punta y él en la otra punta, venia de allí y me miraba, fingiendo cumplir con su deber de guardia.
Hasta que un día, Clara me llamo por teléfono y me dijo que necesitaban un arquitecto para una remodelación del shopping, había un gran despliegue de personas trabajando por mejorar la estructura comercial del lugar. Cerraron todo para poder planear todo y que la gente no entrara mientras trabajábamos con tantos cables y planos.
El Sr. Bussi, el dueño, me llevo a su oficina y me mostró un plano con lo que él quería que fuera la nueva imagen del centro comercial en cuestión.
Me dijo que me pusiera cómodo y que tomara el tiempo que necesitara y que mandaría a alguien a custodial la puerta. Y a que no adivinan a quien mandaron a cuidar mi puerta, sí a Luciano.
Golpeo la puerta e hice que entrara, sin saber siquiera que era justamente él quien deseaba entrar, me lleve una gran sorpresa, se sentó en la silla que se encontraba en una esquina de la oficina y me dijo que me custodiaría hasta que acabara. Mientras trabajaba en la computadora de Bussi podía sentir su mirada caliente sobre mi cuerpo y eso me ponía nervioso.
Mientras yo trabajaba nuevamente en los planos, no sé de que manera, pero se escabullo hasta mi espalda y comenzó a hacerme masajes, con la idea de desestresarme. Que según él, antes trabajaba como masajista y que a toda la empresa les hacia masajes para evitar las contracturas.
Tenían éxito sus movimientos, por un lado estaba súper relajado, por el otro estaba súper excitado a mas no poder y con una poronga del tamaño de una botella de sidra. En eso, se me acerco al oído y me murmuro – ¿Quiere que se la mame un ratito?-, mi respuesta fue mas que satisfactoria para ambos.
Se arrodillo al instante y me bajo el cierre del pantalón, el bóxer y me mamo con el pantalón puesto, su lengua recorría mi pija de arriba abajo y parecía conocer cada horizonte de mi cuerpo, porque lo hacia con una gracia y una velocidad que deslumbraban mi imaginación.
Se saco el pantalón de un tirón quedando en bolas del cuerpo para abajo y se puso sobre el escritorio en cuatro patas, mientras decía – que esperas?, cogéme que me gusta tu pija, montame que tengo rienda suelta -, y no me pude rehusar a su pedido, ya que soy demasiado solidario, o sea, le di y le di a mas no poder.
Su culo lloraba mi leche, y a medida que le introducía mi nene, largaba gemidos extensos que en ocasiones me arrancaban el oído, luego la situación se invirtió y los roles cambiaron de manos, o de verga.
Me puso bocabajo y me encajo su chota sin ninguna compasión, mas que caliente parecía poseído, y que mas esperar de alguien que durante 20 minutos soporto mis embestidas colosalmente. parecía un toro embravecido, me la plantaba descomunalmente, mi culo rojo, abierto y palpitante rogaba por un poco de clemencia por parte de mi opresor, que no tenia intenciones de detener su marcha.
Como a los 10 minutos, llego Bussi a preguntar si estaba todo bien, le grite que si, que estaba todo súper bien y que demoraría un rato mas. Era un éxtasis nunca antes experimentado, por un lado mis bolas estaban duras como piedras y por el otro mi culo, abriéndose y cerrándose como la puerta de un ascensor.
Luego note que de la punta de su gran pija empezaron a salirle unas gotas de liquido blanco, que mas que gotear parecían chorrear a gran cantidad, lo emanaba en cantidades industriales, con decir que mancho todo el sillón en la que realizábamos nuestra lucha cuerpo a cuerpo.
Luego de esto nos vestimos y salimos como si nada hubiera pasado, pero demostrando un gran bulto cada uno, la gente nos miraba el tamaño, pero no sospechaban nada. Cada vez que el trabajo terminaba nos encerrábamos en el baño a coger y seguir cogiendo, para aumentar nuestro deseo por el prójimo.
En cinco fáciles palabras: SE – ACABO – EN – MI – CULO. Es todo lo que puedo decir. Pero acá no termino esta clase de encuentros, continuaron a lo largo de unas... 4 semanas, hasta que tuve que viajar a Barcelona y perdí su contacto, pero durante esas semanas, hubo demasiado sexo, alcohol, desenfreno, y un sinfín de ocasiones en que el sexo anal era mas visto que un simple Hola.

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